que no se rinde ante el desprecio,
no le teme a las adversidades
y no olvida los ritmos de su sangre”
Pensar en Nariño e iniciar las contradicciones: el amor único de un pueblo, desconocido y rechazado por un país, la belleza magna de su paisaje, inexplorado y aislado por Colombia, la inteligencia impar de su gente, subvalorada y ofendida en otras tierras, la historia cruel y sufrida de nuestro pasado, anónima u olvidada que aún nos condena. Se podrían continuar las objeciones pero desbordan en casi siempre las mismas preguntas: ¿Qué tan importante es Nariño? ¿Por qué marginados en nuestro país? La historia nos ayuda con un par de respuestas, recordando la segunda conquista de esta tierra o mal llamada independencia. Pero los hechos que se han vuelto cotidianidad que enlutan nuestra tranquilidad, deberían llamar la atención de un país, provocar su solidaridad y acciones reales del gobierno.
Nuestros graves problemas no se limitan a los frecuentes ataques de grupos armados legales e ilegales que son parte de lo poco que llama la atención en el país, el asunto requiere un profundo análisis que haga patente la situación de aislamiento en que vivimos, de lo lejos que el país vive de nosotros.
De vez en cuando y de afán se nos menciona en los noticieros, cuentan que nos tienden la mano por la Infraestructura para la Competitividad y la realidad nos muestra terribles vías de acceso y de tránsito, autopistas apuñaladas por un hueco tras otro, una capital mutilada de sus valiosas reliquias históricas, para dar paso a orinales de indigentes y atracaderos diurnos, con la excusa de avanzar en el sistema de transporte. La situación se nos pone cruel, porque para llegar hasta Nariño tenemos un pequeño aeropuerto cerrado frecuentemente que nos deja de plan B el duro viaje por tierra, viaje que a pesar de transcurrir por la vía Panamericana, en nuestro departamento este sendero es sinónimo de inseguridad y pésimo estado.
Nos tuvieron en cuenta en el compromiso del Acuerdo de la Prosperidad y el Gobierno nos promete su respaldo; pero insisto: la situación es más compleja, no tenemos grandes empresas, los nariñenses trabajamos en pequeñas industrias, la mayoría relacionadas con la ardua y mal recompensada labor de la agricultura. Viendo la economía desde este punto sobra caracterizar el problema de desempleo y mencionar las estrategias de rebusque en las que competimos con la oleada de paisas que se nos vinieron a vivir en Pasto y la gran cantidad de desplazados que extienden la mano rogando monedas a la par de nuestros paisanos.
El olvido en que vivimos, el desempleo, el desplazamiento, nos conducen a la inseguridad. Nuestras fértiles tierras albergan una extensa área de cultivos ilícitos, por añadidura el orden público se desordena y en muchos lugares las drogas son ley con el respaldo del armamento de los ilegales, quienes encontraron en este arrinconado paraíso un sector estratégicamente ubicado y favorable a todas sus intenciones.
Sumando y sumando más problemas, se desdibujan las glorias de esta tierra: hermosísimo relieve que oferta variedad para todo gusto con desiertos, mares, selvas, lagunas y volcanes, tierra turística, gastronómica, carnavalera, artística, musical, tricolor y firme. Asumimos con temple cada azote y en definitiva creo que no podemos gritar más alto para provocar la mirada de Colombia. ¿Seguimos sin respuestas? ¿Por qué continuamos al margen?
@JulianaChves
@JulianaChves
11/08/2012

